Las enfermedades psicosomáticas pueden ser de muy diversos tipos. Entre las más frecuentes en nuestra sociedad se encuentran:
* Digestivas: colon irritable, úlcera, colitis, gastritis, reflujo, constipación, diarreas, dolor abdominal, etc.
* Respiratorias: asma, bronquitis, rinitis alérgica, tos, sensación de ahogo, etc.
* Cardiovasculares: hipertensión arterial, infarto del miocardio, hemorragias cerebrales, neurosis cardíacas, etc.
* Genitourinarias: vaginismo, trastornos menstruales, enuresis, etc.
* Endocrinas: trastornos de tiroides, diabetes, obesidad, etc.
* Dermatológicas: dermatitis, acné, psoriasis, eczemas, alopecia, vitiligo, etc.
* Musculares: cefaleas, tortícolis, dolor de espalda, parálisis facial, etc.
* Sexuales: eyaculación precoz, disfunción eréctil, anorgasmia, diversas disfunciones sexuales, etc.
Al tratarse de padecimientos psicosomáticos, muchas veces no existe evidencia orgánica suficiente para que los resultados de laboratorio muestren el problema, sin embargo el paciente siente el síntoma claramente y es importante tratarlo.
Lo que debemos hacer es:
- Mantener una buena alimentación, sin estimulantes (café, bebidas alcohólicas, chocolates, etc).
- Acudir al médico especialista para que trate los síntomas de su padecimiento físico.
- Seguir un tratamiento psicológico que permita a la persona: reducir su nivel de ansiedad, incrementar su autoconfianza, mejorar su estado de ánimo general y participar activamente hacia su propia recuperación.
En realidad, la mejor combinación para el tratamiento de las enfermedades psicosomáticas es una buena relación entre el médico, el psicólogo y el paciente...